jueves, 12 de junio de 2025

"Los Anticuarios" de P. De Santis (*) - Crítica


Dos cuestiones de una necesaria introducción

Para comenzar la nota, y a pesar de mi gran afición por la fantasía, diré que el género vampírico nunca despertó en mí mucho interés. Los tiempos modernos, con sus hematófagos light -tanto los del cine como los de la literatura- han hecho recrudecer en mí ese sentimiento, llevándolo a cierto rechazo. Para liberarme de ello, pensé en escribirlo.

(porque -hay que decirlo- escribir es tanto un exorcismo, como también una manera de entender el mundo; en el acto de la escritura, muchas veces hay una liberación, sí, pero también un entendimiento, un reconocimiento; la palabra hace que la confusión del mundo me sea más permeable. La palabra, por lo general, funciona como un prisma a través del cual se puede ver más nítido).

La otra cuestión es que, en mi humilde opinión, un libro que he leído puede merecer tres opiniones, o clasificaciones generales; este reduccionismo -injusto, la mayor de las veces- creo reconocer que me nace ante la abrumadora producción y diversidad editorial que vivimos en nuestros tiempos. Así, en mis tres conceptos capitales hay:

.Libros buenos (o muy buenos, o excelentes, u obras maestras, como guste) cuya lectura siempre nos aporta algún aspecto positivo, ya sea porque deslumbran, porque divierten, porque enseñan, otorgan otra mirada, porque conmueven, etc.

.Libros mediocres, que son aquellos cuya lectura pasa sin modificarnos mucho con su paso; aquellos que, sin ser obras aborrecibles, pecan de intrascendentes. Algunos decepcionan por su final, otros por lo tedioso de su lectura, el ilegible, el que parte de una buena idea pero la misma está mal desarrollada, aquel que mucho promete y al fin no profundiza, o el que pasa como pasa cualquier lectura de una revista.

.Y en la tercera categoría están aquellos libros que cuando uno dobla la última página, se da cuenta de que ahí estaba -de algún modo, por alguna característica- nuestra propia voz; esos libros con que uno se siente movilizado internamente, porque acaso hemos vibrado al unísono con la pasión que movió al escritor. Esos libros que, al cerrarlos, suelo decir para mis adentros: "éste libro me hubiese gustado escribirlo yo".

En esta última categoría, ubico a “Los anticuarios”.

La mano tras la pluma

Pablo De Santis es el autor de dicha obra. Nacido el 27 de febrero de 1963, en Buenos Aires, De Santis cursa la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras en la universidad de esa misma ciudad. Tras finalizar sus estudios, se desempeña primero como periodista y luego como guionista de historietas. Es en dicho género, justamente, cuando allá por 1984 la revista Fierro le otorga el Primer Premio al guion de historieta, al cual se le suma la salida de su primer novela -“El palacio de la noche” (1987)-, dos acontecimientos que, en cierto modo, inician un extenso y poblado camino literario del bonaerense, cuyos pasos irán desde el guion de historieta, pasando por la literatura juvenil, y finalmente hacia una literatura más para adultos; maduración artística a la cual llega, pero sin perder nunca la esencia de sus inicios. De Santis es un escritor prolífico, reconocido y multipremiado, galardones de los que cabe destacar -además del mencionado de 1984- el premio por la Asociación del Libro Infantil y Juvenil de la Argentina por su obra “El último espía”, el premio “Konex” de platino (2004), o los Premio Planeta (2007) y Premio de la Academia Argentina de Letras (2008), ambos estos dos por su excelente novela “El enigma de París”.


"Los anticuarios" - Ilustración referencial
(Arte: Alberto Di Francisco)

La obra

Con “Los anticuarios” (2010) Pablo De Santis incursiona en el mundo vampírico; aquí, el escritor sabe darle, gracias a su preparación, su trabajo y su formidable pluma, un muy buen giro al género. Esta buena característica resalta aún más en los tiempos modernos, donde -como se dijo en la introducción- muchos de los vampiros que nos presentan desde la literatura y/o del cine, pecan bastante por laxos, con protagonismos desvirtuados, o enfrascados en tibias y pueriles problemáticas, antes que representar cuestiones más trascendentales, existenciales, o psicológicas. La reconocida saga “Twilight” es un claro ejemplo de lo mencionado, aunque lamentablemente no es el único.

Desde la primera página de “Los anticuarios” uno ya se da cuenta, o presiente, que hay una buena historia detrás; además, la clara prosa del autor hace a una lectura fluida de la misma, de modo que enseguida nos toma de la mano y a poco ya nos sumerge en la trama. Fiel al estilo que lo caracteriza, siempre con un pie en lo periodístico y otro en lo detectivesco, De Santis nos abre las puertas a una aventura que sucede en un ambiente que le es propicio y caro a su sentimiento, como es la redacción de un diario. La historia gira en torno del joven Santiago Lebrón, quien deja atrás su pueblo natal y se muda a la ciudad -a la política y socialmente tumultuosa Buenos Aires de los años 50, con la “Revolución Libertadora a la cabeza- en busca de una nueva vida, principalmente a través de su tío, que vive allí y que es quien en un primer momento le ofrecerá trabajar con él, enseñándole el oficio de reparar las máquinas de escribir -tan propias de la época-. Las circunstancias posteriores harán que Lebrón pase de trabajar con su tío, a ocuparse de reparar las máquinas de un diario local. Pero la sorpresiva muerte de uno de los periodistas del mismo hará que el joven tome el lugar vacante en un sector ligado a las noticias del mundo de lo oculto y de lo paranormal. Allí, entonces, entre crucigramas, horóscopos y crónicas de hechos inquietantes, entre el fragor del primer trabajo y el despertar del amor, el protagonista da con los anticuarios, un grupo de vampiros que viven ocultos a la vista de todos.

Pablo De Santis, autor de "Los anticuarios" 


El converso

A estos anticuarios los identifica, además de su obvia condición vampírica, una obsesión por los libros viejos y las antigüedades, acertada característica que aquí es la que les da el nombre. Huyen de la luz del sol, que los atormenta y lastima; viven tranquilos y serenos, refugiados en el plácido ambiente de sus casas de antigüedades, dominadas por la soledad, el silencio y la penumbra. Los anticuarios conforman así una especie de comunidad, un grupo minoritario de vampiros que viven insertos en la sociedad, gracias a que han logrado dar con un elixir -de factoría artificial- que satisface su necesidad de consumo de sangre y aplaca el frenesí violento al cual los lleva su falta. Pero no todo es tranquilidad para la melancólica vida de estos seres, aferrados al amor por las cosas de otros tiempos, a falta de poder hacerlo en el amor convencional; su anonimato y su seguridad se ven amenazados por una sociedad secreta que sabe de su existencia, y busca dar con su paradero para exterminarlos.

Lebrón llega a ellos por la doble vía que De Santis sabe darle, por un lado, la de su empleo periodístico en el segmento dedicado al mundo oculto, y por el otro, de forma paralela, cuando el joven se inicia en el amor al conocer a la hija de Calisser, quien en la historia es presentado como uno de los más prestigiosos de los anticuarios. El amor por la chica hará que el joven cobre un coraje inusitado, hasta ciego, para seguirla, aún cuando ello implique meterse de lleno en el lóbrego y particular mundo de estos seres.

Tras un accidente, el protagonista salva su vida, pero a condición del vampirismo, con lo cual comienza su andadura en ese inframundo, de la mano de aquél hermético grupo de

libreros de su misma condición, quienes han aprendido a aplacar su roja sed, y viven refugiados tras sus torres de viejos libros, ante la amenaza de un especie de Van Helsing vernáculo, aquí encarnado en la figura de un tal Dr. Balacco.

La maestría del autor reside en saber darle a un tema tan antiguo y manoseado, una inteligente y, sobre todo, original vuelta de tuerca a través de una historia de amor con mucho de intriga y de frenesí detectivesco, con personajes muy bien definidos, en un escenario de librerías de libros antiguos, en una Buenos Aires revuelta, en un enclave histórico muy bien logrado a través del detalle. Por esto, “Los anticuarios” es una novela negra digna de leerse, sin lugar a duda, y porque además toca (en mi opinión) un ápice literario mucho mayor que el logrado con “El enigma de París”; es una novela de ejecución formidable, con todos los condimentos para ser considerada una de las grandes obras de ficción de la literatura moderna argentina. Principalmente, porque nos trae el recuerdo y el ejemplo de por qué es placentero leer.

Cierre

Tal como anticipé en el principio de la reseña, hace un tiempo me dije que quería escribir algo sobre vampirismo, tanto por la opinión personal que tengo del género, como por algunas ideas que me rondan hace rato. El feliz hallazgo de "Los anticuarios", el haber cerrado su última página diciéndome "éste libro me hubiese gustado escribirlo yo", ha pospuesto ese vanidoso proyecto. El libro que en algún momento vislumbré en mi imaginación, puede que ya esté -magistralmente- escrito, y entonces mi tarea quizá se reduzca, apenas, a escribir esta humilde nota.

Alberto Di Francisco


P.D.: esta nota se publicó originalmente en el sitio cultural "Bacap Noticias" (Mar del Plata). Para ver la publicación, en el siguiente enlace: BACAP Noticias

jueves, 5 de diciembre de 2024

FRAY MOCHO. PIONERO DEL PERIODISMO ARGENTINO

 Hola! Comparto hoy en MUSEUM una nota sobre este escritor y periodista argentino  que, originalmente, escribí para la revista digital "1° de Octubre" el 07/06/24. Al finalizar la misma, les dejo el link a la página de la revista, por si desean ver la publicación original. 

Saludos!


UN PIONERO DEL PERIODISMO

Al comenzar a hablar tanto de la vida como de la obra de este singular personaje conocido bajo el seudónimo de Fray Mocho, es necesario antes situarlas en el contexto en que estas se encuentran enclavadas. Contemporáneo de dos grandes figuras de nuestra historia, como lo fueron el por entonces presidente Bartolomé Mitre y el gran educador Domingo Faustino Sarmiento, en dicha época se vivía en el país la Unificación Argentina, con la poderosa Buenos Aires integrándose al resto de las provincias. La importancia y relación de este marco histórico en la vida artística y profesional de Fray Mocho, es que sienta las bases de un fuerte sentimiento “nacional” durante esos años, sentimiento del que este hombre luego se haría eco, a través de la riqueza de su arte y de su vocación periodística.

Primeros pasos

José Sixto Álvarez Escalada se llamaba en realidad; nacido de padres criollos en Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, allá por el año 1858, de niño cursó sus estudios en el prestigioso Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, institución donde luego también realizaría la carrera de Periodismo.

En el año 1879, contando con 21 años, este gaucho entrerriano, con la intención de dedicarse de lleno a esa vocación literaria que lo acompañaba desde niño, se traslada hacia la populosa Buenos Aires, ciudad que por entonces se encontraba en pleno auge de crecimiento y era (pretendía ser, acaso) espejo de las grandes ciudades europeas de entonces.

Por estos años (1885) Álvarez ya explora en las letras, y publica su primer libro “Esmeraldas”, una serie de cuentos con evidente inclinación hacia el género erótico o picaresco (vistos con ojos de hoy). Un libro que, por su temática, no hace prefigurar al escritor que sería luego, pero sí lo inaugura como escritor costumbrista. Seguramente, escribir relatos de tinte erótico en una sociedad conservadora que tenía a Europa por horizonte, es una provocación y una crítica en tono jocoso, de las que luego Álvarez haría su sello. Se desempeña por entonces como Comisario de Investigaciones y Pesquisas en la policía de la incipiente capital, y se inicia como reportero para el diario La Nación, actividades que en conjunto lo destacarían como cronista policial, y le servirían de base para sus siguientes libros, “Galería de ladrones de la Capital” (1887) y, sobre todo, la novela “Memorias de un vigilante” (1897); esta última, donde pondera a la institución policial.

Colabora también en esa época, escribiendo varios artículos y notas, con diarios tales como El Nacional y La Razón, entre otros. Es de destacar en toda la obra de Álvarez la evidente faz periodística que lo acompaña a través de sus creaciones, un verdadero “leit-motiv” que sale al paso del lector en todo relato y crónica, ya por la simplicidad y pragmatismo de su lenguaje al referir las historias, los hechos y los diálogos (muchas veces con tintes humorísticos), ya por la “visualidad” que despliega al narrar y dar vida a imágenes propias de la época, como también al reflejar el habla popular de algunas zonas —tanto del interior como del lunfardo rioplatense—, en clara contraposición al “romanticismo” que imperaba en la cultura de la sociedad capitalina.

La enorme relevancia de las obras de Fray Mocho, que lo sitúan en la cúspide del escritor costumbrista, es que recrea con la belleza de su estilo llano y directo, que pinta con palabras, los cuadros más certeros de la realidad que se vivía por entonces, no solo en la época, sino que hace una declaración (a veces muy pormenorizada) de las características y vicisitudes de la vida en las provincias del interior —como, por ejemplo, en realidades como la de la pobreza— que no era vista por muchos, y menos aún desde los ojos de la opulenta Buenos Aires.

José Sixto Álvarez Escalada

Seudónimo, Caras y Caretas

Sus textos, si bien obras creativas, obedecen siempre a ese perfil anteriormente mencionado, transformándose así también en verdaderas crónicas, pues en todo momento su literatura va de la mano del rasgo periodístico. Tal es así, que en 1897 funda y dirige en Buenos Aires la revista de interés socio-cultural que llevó por nombre “Caras y Caretas”, desde donde Álvarez encontró una enorme libertad creativa  y periodística; revista, además, que fue un verdadero suceso cultural y literario, aclamada por numerosas voces (del país, como en algún momento también desde España), y cuya vida y vigencia se contaría por más de 40 años.

Este semanario irrumpe notoriamente en la sociedad contando con la particularidad del equilibrio que supo ofrecer entre humor y periodismo serio, ya que tanto se animaba a la sátira de figuras de la política y del espectáculo (muchas veces a través de las caricaturas), así como también ofrecía novedades sobre la moda, notas sobre cultura, datos de interés general, y, sobre todo, pregonaba las voces de los escritores argentinos en boga en la época, escritores de la talla de José Ingenieros, Horacio Quiroga y Roberto Payró, por citar algunos de los cuales hasta el mismo Álvarez supo escribir sendos artículos.

En líneas generales, la revista era el reflejo de la cultura, la política y la sociedad de la época, vista a través del inconfundible sello del oriundo de Gualeguaychú, con esa sana costumbre de criticar a través del humor. Allí encontró quizá su estilo más claro, el más acorde a su personalidad, y en tal manera fue así, que el mundo del 1900 halló su fiel imagen en las vívidas creaciones, el humor, el arte gráfico y el rigor histórico que salía de su pluma y de su dirección.

Paralelo al ámbito de la revista, Álvarez cierra el siglo XIX habiendo entregado a la imprenta dos libros más, con “Viaje al país de los matreros”, libro de aventuras gauchescas que se van relatando en el devenir de un viaje por el interior del país; y “En el mar austral”, crónica de una experiencia por las tierras del sur, entre Chile y Argentina, donde explora la vida en esas latitudes, desde la particular perspectiva de un viaje a bordo de un barco ballenero.

Respecto a la particularidad de su seudónimo, se conoce que “Mocho” fue un apelativo del ámbito gauchesco que ya desde su Entre Ríos natal lo acompañaba —seguramente por obra de sus amigos de la juventud—; diremos aquí que “mocho” se entiende como algo falto de terminación, sin punta, o mal hecho. Las crónicas refieren que Álvarez tenía un hombro más alto que otro, característica esta que, además de lo estético, le hacía caminar con cierta particularidad; otras fuentes dicen que en realidad era un mote asignado con humor por la forma de su cabeza.

Según se sabe, en 1877 funda una sociedad liberal junto a un grupo jóvenes a la cual bautizan “La Fraternidad”, cuya principal actividad era socorrer a aquellos estudiantes imposibilitados de educarse mediante el sistema de supresión de becas; de ahí que, con el transcurrir de los años, a “Mocho” le agregaría el “Fray”, apócope de la designación medieval “Fraile” (miembro  ó hermano de la fraternidad). Si bien es cierto que su notoriedad y su paso a la posteridad fue como Fray Mocho, se le conocieron sin embargo otros seudónimos menores que supo usar de manera circunstancial en notas, artículos o ensayos, anteriores a esta época, tales como Favio Carrizo, Nemesio Machuca, Figarillo, y Gavoche, entre otros.

Tapa n° 2 de Caras y Caretas 

Un Pionero

La obra y la trascendencia de Fray Mocho no es menor; en ese estilo periodístico de sus invenciones, en el mencionado enorme suceso de su revista “Caras y Caretas”, en ese perfil de historiador y pregonero de la vida de la gente de pueblo, Fray Mocho deja las bases como para ser considerado como el primer escritor profesional del país, un verdadero pionero del periodismo argentino. En sus propias palabras: “hay que echar el alma en la mesa de redacción”, diría refiriéndose con toda certeza al espíritu que le animaba en sus relatos y su quehacer periodístico.

En 1903, a la temprana edad de 44 años, y apenas unos días antes de cumplir los 45, Fray Mocho fallece en Buenos Aires como consecuencia de una enfermedad que venía arrastrando hacía ya varios años. Fiel a su brújula interna, hasta en sus últimas palabras, tendido en el lecho, es capaz de dejarnos una imagen de su vida, su sentir y su estilo literario, al manifestar a su esposa: “Yo soy como el Ñandubay de nuestra tierra. No me entra el hacha así nomás… muero peleando”.


Alberto Di Francisco

Link a la nota original: https://1deoctubre.com.ar/notas/573-un-pionero-del-periodismo

jueves, 17 de octubre de 2024

UNO EN TODO. TODO EN UNO

Hola Lector! Paso hoy por MUSEUM para compartir una nueva nota de mi autoría, en este caso una reseña sobre el libro "La secta de los egoístas" del escritor francés Éric-Emmanuel Schmitt. La misma se publicó oportunamente en el suplemento cultural "Caldenia", del diario La Arena, de Santa Rosa (provincia de La Pampa), y llevó por título "Uno en todo. Todo en uno". Junto a las fotos de la edición impresa, dejo el link al sitio web, para que puedan leerlo más claro. 

 Link a la reseña aquí 👉  UNO EN TODO. TODO EN UNO.

 Espero les guste!
Página 1 del suplemento "Caldenia"
Página 2 del suplemento "Caldenia"

viernes, 12 de julio de 2024

TODO ESTÁ EN LOS DETALLES

 Hola Lector! 

En esta ocasión paso por MUSEUM para compartir una nota de mi autoría, una reseña, sobre un libro del escritor argentino-canadiense Alberto Manguel. La misma se publicó en el suplemento cultural Caldenia, del diario La Arena, de Santa Rosa, provincia de La Pampa, y llevó por título "Todo está en los detalles".

Junto a las fotos de la edición impresa, dejo el link al sitio web, para que puedan leerlo más claro.

Link a la reseña aquí 👉 "Todo está en los detalles"

Espero les guste!


Hoja n° 1 de la reseña

Hoja n° 2 de la reseña

Autor de la reseña: Alberto Di Francisco

El escritor Alberto Manguel

viernes, 1 de marzo de 2024

ALMAFUERTE - El poeta de los desamparados

 Hola Lectores! Luego de una prolongada ausencia por estos lares, retomo (intento retomar) el ejercicio de los Post´s literarios, siempre esperando que los contenidos sean dignos de la lectura y la reflexión.

En esta ocasión, comparto con ustedes una nota que originalmente salió hace unos días en la revista digital "1° de Octubre" con motivo del 107° aniversario de la muerte de este gran poeta argentino.

Acompaño la nota con una ilustración realizada para este blog, del amigo artista Marco Chiabo, quien realizó el hermoso arte que acompaña mis humildes líneas.
Espero lo disfruten y, sobre todo, que mis palabras sirvan de estímulo para revisar la obra magnífica de éste "poeta de las masas".
Saludos!

Alberto Di Francisco

Link a la nota aquí: 




Almafuerte (Arte: Marco Chiabo)





miércoles, 21 de octubre de 2020

Anastomos, por Rodolfo Wilcock

 ¡Hola Lector! Nos reencontramos tras algún tiempo de ausencia por estos lados, pero, como en cada regreso, está la felicidad y la expectativa. En este caso, ambas premisas vienen de la mano de un autor que sinceramente no conocía mucho más que su nombre, pero que la lectura de algunas de sus obras (El Caos, El libro de los monstruos) me ha sorprendido enorme y positivamente: Rodolfo Wilcock. Cautiva de entrada la obra de este argentino nacionalizado italiano, por la originalidad de sus ficciones; nos hace entrar de lleno en un mundo fantástico, y absurdo en muchas ocasiones, con una naturalidad propia de los grandes, y sin detenerse a dar muchas explicaciones sobre el panorama extraordinario que nos presenta en sus relatos, como si la magia viviera en los intersticios de la vida.

Contemporáneo (y amigo, luego) de Borges y de Bioy Casares, con quienes sin dudas compartiría el sabor y el amor por lo fantástico, este poeta destacó en la crítica literaria, actividad a la cual acompañó con el de la traducción. En 1957 se muda a Italia, donde permanece hasta su muerte.

Les dejo aquí una buena y hermosa prueba de lo mencionado, con "Anastomos", obra inicial en "El libro de los Monstruos", donde en el repaso de los diversos personajes, la mención es una descricpción que se vuelca hacia el mini relato. Que lo disfruten! 

ANASTOMOS

"Es muy raro, por no decir imposible, que los hombres se pongan de acuerdo en cuestiones de belleza, y sin embargo todos están de acuerdo en reconocer que Anastomos es bellísimo. Está todo hecho de espejos o, para ser precisos, todo recubierto de espejitos, más pequeños en el rostro, más anchos en la espalda y en el pecho. También los ojos son espejos, gruesos espejitos móviles y azules en los cuales nos vemos reflejados sobre un fondo turquesa como en un cielo feliz, como en aguas irresistibles. A la luz del sol, en la playa, es una aparición tan deslubrante que la gente se queda con la boca abierta y no se atreve a acercarse, dominada por una mezcla de terror y fascinación como frente a algo sagrado e intocable; solo los niños corren tras él. Cuando después entra en el mar, en medio de las olas espumosas, es tal el reverbero recíproco de destellos irisados de los espejos a las gotas y de las gotas a los espejos que es como ver a una divinidad primordial de forma humana surgir del agua y del fuego al mismo tiempo. Y quizá sea una divinidad, porque no está concedido a los hombres ser tan bellos. En sus espejos vemos reflejadas aquellas cosas que verdaderamente, sin hipocresía, amamos; no las cosas humanas, tan abrumadas por la caducidad y por el cambio, sino los árboles y las nubes, los pájaros y las flores, las cascadas y las islas, los astros y las llamas, todo lo que en nuestra mortalidad sentimos como eterno, y que no amaríamos si no lo sintiésemos, oscuramente, intocable. También Anastomos, si es por eso, es intocable; nadie osaría poner los dedos en sus espejos, estos dedos que aún cuando están más limpios siguen estando sucios. Con su piel de espejos, Anastomos es para nosotros la geometría, y por ende la música."



Saludos!

A..D.

viernes, 11 de octubre de 2019

JUEGOS EVITA CULTURALES 2019 (La Pampa)

Hola Lector! Paso hoy por MUSEUM para compartir lo que ya desde el año pasado viene siendo (al menos para mí) una más que grata experiencia, como lo son los Juegos Evita Culturales. Desde hace un par de años que vengo participando conjuntamente con la Subsecretaría de Cultura de La Pampa, en eventos que ésta organiza (programas como "Capacitación Artística Interdisciplinar" y "Letras Campantes", por ej.), a los cuales se ha agregado felizmente ésta oportunidad de ser parte del jurado en la categoría Cuento para las instancias finales de Adulto Mayor, Sub 15 y Sub 18. 

Sin dudas, experiencias por demás constructivas, desde lo humano a lo profesional, donde (sea la categoría etaria que sea) la palabra es siempre propiciadora del encuentro con el otro, con su mundo, sus arte, con su sensibilidad y con su historia personal, lo cual siempre es igual de beneficioso para los participantes, como para uno. Más allá de la premiación, destacamos la posibilidad inherente en cada uno de nosotros, de la expresión en la variedad de las artes, y en cuanto a lo literario, obviamente el valor inmenso de la palabra.

En las tres categorías mencionadas (el lema elegido para la edición 2019, por La Pampa, fue "Hacedores de sueños: los jóvenes y la participación social") vale destacar no solo las obras ganadoras, sino además también el nivel creciente, en número y calidad, de las obras presentadas en general, y el firme propósito desde nuestra humilde parte, de alentar siempre la producción y la lectura en los participantes.

Les dejo algunas fotos! 

Momento de la Premiación en Categoría Cuento Sub 18
Cuadernillo con los relatos participantes de los chicos del Sub 15
Apertura de actividades en el Salón principal
Con Adriana Maggio y el equipo de jurados de las diferentes disciplinas

Con la referente artística Malva Roldán, y algunos compañeros jurados

Haciendo devoluciones al grupo de Adultos Mayores

Ceremonia de Premiación Sub 18

Espero les guste. 
Gracias por tu visita!


Alberto Di Francisco